Cirugía bariátrica

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La obesidad constituye una alteración del estado nutricional, que con frecuencia causa limitación física y puede condicionar incluso la muerte. La forma más práctica para conocer el grado de obesidad de un individuo es conociendo el Índice de Masa Corporal (IMC). El Índice de Masa Corporal se calcula dividiendo el peso del paciente en Kg por su altura en metros elevada al cuadrado. 

Cuando la obesidad es moderada, se puede controlar con medidas conservadoras que incluyen modificaciones del comportamiento y/o dieta, pero para sus etapas avanzadas se han propuesto diversas soluciones quirúrgicas (intervenciones) para su tratamiento. 

Pero cuando la obesidad ya no es moderada, debe ponerse remedio de modo radical y definitivo, pensando en todas las comorbilidades que la acompañan y, en definitiva, que pueden acortar la vida varios años. 

COMPLICACIONES DE LA OBESIDAD: 

  • La obesidad mórbida (IMC >40 o IMC >35 + comorbilidades) afecta seriamente al sistema circulatorio donde sus efectos perjudiciales se manifiestan a través de una presión alta (hipertensión) o fallos de corazón (cardiopatías) debido a un aumento exagerado en su trabajo. con el fin de compensar las necesidades de sangre de los tejidos periféricos. La presencia de grasa en el tórax y en el abdomen, hace necesario un mayor esfuerzo para que los pulmones se expandan y de esta forma la capacidad de respiración también disminuye, lo que produce cuadros de disnea relacionados con la obesidad y cuyo rango superior es la apnea del sueño. 
  • Casi la mitad de los pacientes obesos desarrollan diabetes. 
  • Aumentan también las alteraciones gastrointestinales tales como el reflujo gastroesofágico y en particular la existencia de piedras en la vesícula. 
  • Las células grasas interfieren con la síntesis de hormonas estrogénicas en las mujeres, lo que ocasiona que tengan períodos menstruales irregulares, dificultad para concebir. En el hombre produce disminución de la libido y puede ser causa de impotencia 
  • Las pacientes obesas presentan cáncer de útero y de mama con mayor frecuencia que las mujeres normopesas. En general, los obesos tienen una mayor predisposición para presentar cánceres hormonales y digestivos.
  • Las personas obesas tienen mayor dificultad para obtener trabajo y divertirse, establecer vida de relación, vida de pareja, etc. Estadísticamente, en grupos de obesos se observa una disminución de la longevidad que varía entre el 10 y 15%, respecto a grupos normopeso. 

SITUACIONES EN QUE PUEDE ESTAR INDICADA LA CIRUGÍA:

  • Obesidad mórbida: IMC>40 Kg/m2. 
  • Obesidad mórbida: IMC>35 Kg/m2 + comorbilidades (alteraciones cardiovasculares, pulmonares, metabólicas u osteomusculares de importancia). 

INDICACIONES PARA LA INTERVENCIÓN:

Los pacientes con índices altos de IMC se consideran candidatos para tratamiento quirúrgico. Los pacientes que son más favorecidos con la cirugía son aquellos que, además, tienen diabetes, cifras de tensión arterial alta, problemas en las articulaciones, dolor de espalda, piernas varicosas, reflujos y otras alteraciones producidas por el sobrepeso. 

La cirugía metabólica soluciona hasta el 80% de los casos de diabetes mellitus tipo II. Este alto porcentaje de éxito no significa que deban operarse todos los pacientes diabéticos, aunque aquellas personas que, por algún motivo, no pueden llevar de manera correcta su tratamiento médico o aquellas de difícil control que asocian otros problemas metabólicos a pesar de seguir medidas correctas, son candidatas a este tipo de intervención quirúrgica.

Si además, el paciente candidato a cirugía metabólica, presenta otras alteraciones como valores elevados de colesterol, triglicéridos o tensión arterial, estos mejorarán notablemente tras la cirugía. En la mayoría de casos, el paciente incluso puede llegar a no necesitar tomar la medicación para estas enfermedades.

EL EQUIPO:

Se ha de tener en consideración que el obeso mórbido es un paciente complejo debido a sus características antropomórficas y a las comorbilidades asociadas y requiere una preparación específica por un equipo multidisciplinar para poder ser sometido a una intervención quirúrgica con la máxima seguridad posible. Nuestro equipo multidisciplinar consta de especialistas en Cirugía General y del Aparato Digestivo con amplia experiencia en cirugía laparoscópica, dietista, nutricionista, psiquiatra y anestesistas con amplia dedicación al manejo de este tipo de pacientes y sus patologías asociadas.

Este abordaje multidisciplinar será clave también para el buen resultado de la cirugía bariátrica. Resulta imprescindible que se lleve a cabo un abordaje de diferentes ámbitos psicomédico-nutricionales para poder interceder y ayudar a generar cambio en los hábitos alimentarios e higiénico-sanitarios de los pacientes, para que se produzca una pérdida de peso suficiente para mejorar las comorbilidades y aumentar las posibilidades de supervivencia del paciente, y para que no se produzca reganancia de peso o recidiva de las comorbilidades a largo plazo.

El paciente candidato a cirugía bariátrica recibirá una valoración nutricional individualizada por una especialista en dietética y nutrición que asesorará al paciente previa y posteriormente a la intervención durante un período prolongado hasta que la pérdida de peso sea estable y se haya producido una correcta adaptación a la nueva situación digestiva.

LA INTERVENCIÓN:

Existen muchos tipos de intervenciones. Unas son meramente restrictivas, es decir, reducen el tamaño del estómago con el fin de dificultar la ingesta grande de alimentos. Otras son malabsortivas, intentan que una parte importante de la comida ingerida, se elimine sin llegar a ser absorbida por el aparato digestivo y otras son técnicas mixtas. 

Nuestro equipo quirúrgico realiza la siguiente: 

SADI-S (Single anastomosis duodeno-ileal bypass with sleeve gastrectomy)

By-pass gástrico de una anastomosis (BAGUA)

Es una técnica quirúrgica bariátrica mixta que consiste en realizar una reducción del tamaño del estómago y, además, un by-pass para reducir la longitud intestinal por la que pasan los alimentos. Tras disminuir el tamaño del estómago, según las medidas calibradas, se le realiza una derivación o “puente” a un asa de intestino delgado cuyo tamaño depende del paciente y de su historia nutricional previa. Es una técnica mixta: restrictiva y malabsortiva, de manera que los resultados que ofrece a largo plazo son mejores en cuanto a mantenimiento en la pérdida de peso y mejora en las enfermedades asociadas a la obesidad. La evolución postoperatoria es muy buena con pocas complicaciones nutricionales ni digestivas.

La reducción a una sola anastomosis disminuye el tiempo quirúrgico, reduce las posibilidades de fuga anastomótica y evita la apertura del mesenterio con la posibilidad de desarrollo de hernias internas tras ella. El objetivo de esta técnica quirúrgica es disminuir el asa intestinal donde se absorben los alimentos.

¿QUÉ RESULTADOS SE ESPERAN DE LA CIRUGÍA? 

Tras la intervención, se produce una pérdida del 30 a 40% del peso anterior a la cirugía. Por ejemplo la pérdida de 36 a 48 Kg. en un paciente que pesa 120 kg., será considerada como satisfactoria. Esta pérdida es generalmente rápida al principio (de 4 a 5 Kg. por mes) y un poco más lenta posteriormente (de 2 a 3 Kg. por mes). Aunque, en general, todos los pacientes pierden peso, hay una gran variación en el porcentaje de peso, según el grado de cooperación del paciente para seguir las pautas después de la cirugía.

OBESIDAD Y COVID-19

La creciente pandemia de la enfermedad del nuevo coronavirus 2019 (COVID-19), causada por el síndrome respiratorio agudo severo coronavirus 2 (SARS-CoV-2), se ha convertido en una crisis de salud mundial en evolución. Con el aumento de la prevalencia de la obesidad y la diabetes, ha aumentado la conciencia de sus impactos en las enfermedades infecto-contagiosas, sabiendo que existe para estos pacientes un mayor riesgo para el desarrollo de diversas infecciones, complicaciones posteriores a las mismas y mortalidad por infecciones críticas.

La pandemia de COVID-19 se está extendiendo rápidamente en todo el mundo, especialmente en Europa y América del Norte, donde la obesidad es muy prevalente. Aunque las características epidemiológicas y clínicas de la Covid-19 se han informado constantemente, la relación entre la obesidad y el síndrome respiratorio agudo severo coronavirus-2 (SARS-CoV-2) no ha sido completamente documentada hasta hace unos meses, de manera que numerosos estudios científicos han centrado sus objetivos en determinar si existe una mayor frecuencia de obesidad entre los pacientes ingresados ​​en unidades de cuidados intensivos por SARS-CoV-2. Múltiples publicaciones científicas que están viendo la luz en las últimas semanas han establecido que la gravedad de la enfermedad por coronavirus aumenta con el IMC (Índice de Masa Corporal). La obesidad ha demostrado ser un factor de riesgo para la gravedad del SARS-CoV-2 y por tanto requiere una mayor atención a las medidas preventivas en personas susceptibles.

La obesidad juega un papel importante en la patogenia de la infección por COVID-19. De hecho, el sistema inmunológico, que es un actor clave en la patogenia de COVID-19, también juega un papel importante en la inflamación del tejido adiposo inducida por la obesidad.  

En la diabetes, la exposición crónica a un entorno metabólico anormal puede dar lugar a alteraciones de la inmunidad innata y adaptativa, agravando la cascada inflamatoria y provocando anomalías en la fisiología pulmonar y por tanto aumentando la infectividad y virulencia del coronavirus. La obesidad y el SARS-CoV-2 comparten elementos comunes del proceso inflamatorio (y posiblemente también alteraciones metabólicas), lo que agrava la infección del SARS-CoV-2 en los obesos.

La obesidad severa (IMC ≥ 35 kg / m 2 ) ha demostrado aumentar el riesgo de ingreso en UCI, mientras que los antecedentes de cardiopatía y obesidad (IMC ≥ 30 kg / m 2 ) se asocian de forma independiente con el uso de ventilación mecánica invasiva. Se justifica una mayor vigilancia y un tratamiento agresivo de los pacientes con obesidad y COVID-19.

Dado que se ha demostrado que la obesidad aumenta la vulnerabilidad a las infecciones, puede ser un factor de riesgo de mortalidad relacionada con COVID ‐ 19. Esto es aún más cierto dado que no hay signos clínicos específicos que presagien la progresión de una infección leve por COVID-19 a una forma grave. En comparación con los pacientes no obesos, el IMC fue significativamente mayor en los pacientes con una forma grave de infección por COVID-19.

Por lo tanto, recomendamos una atención y precauciones adicionales para los pacientes con obesidad durante esta epidemia. Siempre que se sospeche una infección por COVID-19, el cribado debe ser sistemático, especialmente si el paciente tiene obesidad.  

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